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Me quedaría sentada, contemplando esos recuerdos. Parece como si fuera ayer; como si el tiempo hubiera pasado lento, sin prisa. O quizá, seré yo, quién quedó estancada; quién no pudo seguir el ritmo de su reloj; quién olvidó llevar la cuenta de los días colgados en el almanaque. Quién literalmente, decidió alejarse, perder todo contacto con esa realidad, con esa vida que decía vivir; olvidando que el paso del tiempo, es inmutable. Que por más que no queramos, el tiempo pasa, y lo seguirá haciendo; a un ritmo constante, de una forma sistemática.Quizá ya no distinga los días, quizá éstos para mí, ya son rutina. Y necesito algo, que los distinga, que los haga especial, que les de ese toque de magia, de felicidad, de alegría.Y sí, llega una etapa en la vida de una persona en la que se percata del paso del tiempo; de aquellas cosas que llegó a postergar tanto, de las cosas que no hizo, del tiempo perdido. Y se da cuenta de que hay que aprovechar cada momento, disfrutarlo, sentirlo –porque quizá no haya otra oportunidad similar-. Hay momentos en los que es necesario una pausa, dejar de andar corriendo, dejar de tomarse la vida como si fuera una carrera. Dedicarse a uno, a los que más quiere, a aquellas cosas que le gusta o le hace bien. A animarse; a llevarse el mundo por delante, aunque sea una vez en la vida. A aprender de los errores, a dejarse llevar. A ignorar aquellas cosas sin importancia, y a captar y razonar aquellas cosas que sí lo tienen. A guardar el orgullo en el bolsillo, y a besar a aquella persona que se ama. A dejar el miedo atrás, a no sufrir –porque por larga que parezca la vida, a veces es tan corta que no nos alcanza-. A sentir, a dejarse amar, y a amar. Hasta que se acabe el mundo; hasta que no haya mañana; hasta que cesen mis latidos, mi respiración; hasta que la última gota caiga en aquel reloj de arena; y ya no haya un nuevo amanecer. Hasta aquel día, voy a soñar y reír: voy a sentir. VOY A VIVIR.
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