domingo, 4 de mayo de 2008

Sí, quizá ese día no tarde tanto en llegar. Quizá mañana ese momento toque mi puerta, y sin invitarlo a pasar, muy lentamente entre en mí. Y quizá hasta lo pueda sentir, y tan real, tan sincero -así, tan dulce como en mis sueños-. Quizá hasta esté aquí, conmigo, aunque no sienta su presencia. Tal vez es el viento, aquel que roza dulce y suavemente mis cabellos, aquel que brinda caricias eternas. Sí, aquel que me hace estremecer, que me hace perder la razón, aquel que me enloquece. Tal vez ya no tarde en llegar, o tal vez no vendrá jamás. Así, como una moneda en el aire, jugando al azar, jugando a la suerte. Así es la vida, impredecible. Un juego en el que no existen las cartas marcadas, en las que depende sólo de cómo las jugamos, y no de las cartas que tenemos en juego. A veces ganamos, a veces perdemos. Y hay que entender, la vida tiene sus giros, algunos muy bruscos, notorios; otros, apenas se perciben. Y ya no vas a ser el mismo de antes, ni el de ayer, ni el de mañana, ni el de hoy. De cómo jugamos la partida, de cuánto arriesgamos, de cuánto deseamos algo, depende nuestra vida. Y no de lamentos, eso no sirve. Vamos, a hacer el esfuerzo para que lo mejor, no sea sólo eso. Y para que la vida no sea sólo una imposición, sino un viaje, un viaje hacia la eternidad. Y no descanses y no pares, hasta que cada uno de tus sueños, sean tu realidad!

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